domingo, 13 de marzo de 2016

LA TIERRA HUECA.

RAYMOND BENARD

En su libro “La Tierra Hueca” el Dr. Raymond Bernard habla de un hombre que ha confirmado la historia del Almirante Byrd. Este hombre es el Dr. Nephi Cotton de los Ángeles que informó que uno de sus pacientes, un hombre de descendencia nórdica, le contó la siguiente historia: Yo vivía cerca del Círculo Ártico en Noruega. Un verano un amigo mío y yo pensamos en hacer una excursión en bote juntos e ir tan lejos como pudiéramos hacia el norte del país. Así que pusimos provisiones para un mes en un pequeño bote de pesca y nos echamos a la mar. Al terminar un mes habíamos viajado muy lejos hacia el Norte, más allá del polo y a un nuevo y extraño país. Estábamos muy asombrados por el tiempo allí. Hacía calor, y a veces por las noches hacía demasiado calor para dormir. Entonces vimos algo tan extraño que los dos nos quedamos atónitos. Frente a nosotros en el mar abierto templado había lo que parecía una gran montaña. En esa montaña en cierto punto parecía que el océano se estaba vaciando. Estupefactos continuamos en esa dirección y nos encontramos navegando hacia un inmenso cañón que llevaba al interior de la Tierra. Seguimos navegando, y entonces vimos algo que nos sorprendió… un sol brillando dentro de la Tierra. El océano que nos había llevado al interior hueco de la Tierra poco a poco se convirtió en un río. Este río nos condujo, como más tarde descubrimos, por todo el mundo interior desde un extremo al otro. Puede llevarles, si lo siguen lo bastante, desde el Polo Norte hasta el Polo Sur. Vimos que la superficie del interior de la Tierra estaba dividida, como lo está la exterior, en la tierra y en el agua. Hay mucho sol, y allí abunda la vida animal y vegetal. Navegamos más y más por este fantástico mundo —fantástico porque todo era enorme de tamaño comparado con las cosas en el exterior. Las plantas eran grandes y los árboles gigantes. Finalmente llegamos a encontrar gigantes. Vivían en casas y ciudades, como nosotros en la superficie de la Tierra [22] y usaban un transporte de tipo eléctrico como un coche de monorriel para transportar a la gente. Circulaba a lo largo de la ribera del río de ciudad en ciudad. Algunos de los habitantes de la Tierra interna, gigantes enormes, detectaron nuestro bote y estaban muy asombrados. Ellos, no obstante, fueron muy amistosos. Fuimos invitados a sus casas a comer con ellos, y mi compañero y yo nos separamos, yendo él con un gigante a la casa del gigante y yo yendo con otro a su casa. Mi amigo gigantesco me trajo su familia a la casa y yo quedé totalmente desmayado al ver el enorme tamaño de todos los objetos de su casa. La mesa para comer era colosal. Me pusieron un plato y lo llenaron con una porción de comida tan grande que me habría alimentado abundantemente durante toda una semana. El gigante me ofreció un racimo de uvas y cada uva era tan grande como uno de nuestros melocotones. Probé una y la encontré mucho más dulce que cualquiera que hubiese probado en el exterior. En el interior de la Tierra todas las frutas y verduras saben mucho mejor y tienen más sabor que las que tenemos en el exterior de la Tierra. Estuvimos con los gigantes durante un año, disfrutando de su compañía tanto como ellos disfrutaban conociéndonos a nosotros. Observamos muchas cosas extrañas e inusuales durante nuestra visita con esta notable gente y continuamente nos asombrábamos de sus progresos científicos e inventos. Todo ese tiempo nunca fueron hostiles con nosotros, y se nos permitió volver a casa en la misma forma en que llegamos… En efecto, cortésmente nos ofrecieron su protección si la necesitábamos en el viaje de vuelta.












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